jueves, 18 de julio de 2013

¿Qué es el déficit tarifario?

Definir y explicar el concepto de déficit tarifario tiene al menos componentes paradójicos. El déficit tarifario eléctrico es la diferencia existente entre el coste del suministro eléctrico y la tarifa eléctrica, esto es, el precio de la electricidad. Como un rudimento básico, el coste del suministro está formado por lo que es el precio de la energía y por los costes regulados. El precio de la energía se determina en el mercado de generación, mientras que los costes regulados dependen de decisiones administrativas o ‘políticas’, y en estos se incluye lo que es la retribución del transporte, la distribución, las primas a las renovables, la retribución de los sistemas extrapenínsulares, el sobrecoste del decreto del carbón, el pago del déficit tarifario vencido y su devolución, entre otros.
La razón de que la tarifa sea, por tanto, insuficiente para su cobertura proviene de que, desde el punto de vista político, se asume que el precio de la electricidad es un precio regulado, de forma que puede ser insuficiente el precio final de lo que son los costes que lo forman. El precio de la electricidad es uno de los últimos precios intervenidos por la Administración y de ahí que se forme una considerable polémica cada vez que se produce su revisión trimestral. Otras fuentes energéticas, como los hidrocarburos o incluso el gas, no se encuentran perseguidos por la carga emocional y política de los precios de la electricidad.
El déficit tarifario tiene una doble naturaleza. Por un lado, se trata de un stock de deuda que se va engrosando en la medida en que esta diferencia tarifaria no se nivela. Y luego, por otra parte, está el déficit corriente, el nuevo déficit, que se va generando en cada una de las revisiones tarifarias. En estos términos, las cifras son de escándalo, de forma que estaríamos al borde de los 24.000 millones de euros acumulados, con independencia de su financiación, de sus componentes, propios o impropios, o de la evolución de esos mismos componentes, todas ellas cuestiones que veremos en artículos sucesivos en forma de piezas sencillas y didácticas.
Para el año 2011, este déficit se cifra en casi 3.500 millones de euros (todavía pendientes de la liquidación de la CNE) y las medidas de principio de ejercicio en materia tarifaria tomadas por este ejecutivo (congelar la tarifa sin compensar el crecimiento de la parte regulada mirando hacia otro lado respecto de la sentencia del Tribunal Supremo), nos llevará a superar con creces los 1.500 millones previstos de deuda para 2012. Algo que ha incendiado este proceso es la incapacidad continuada para cumplir los programas de extinción de déficit que aprueba en sucesivos decretos el Ejecutivo (y no olvidemos que requeridos por la Unión Europea para facilitar su calificación financiera) y las dificultades de financiación existentes en la economía.
Dada la naturaleza “política” de este déficit, hay quienes reivindican soluciones “políticas” poco sofisticadas al mismo. Así se escuchan alternativas simplificadas, como la denominada “quita” para el déficit acumulado o imposición tributaria por tecnologías para el futuro, sobre todo para dulcificar las subidas tarifarias o para evitar el impacto presupuestario en la contabilidad pública de sacar los costes impropios de la tarifa eléctrica.
El déficit tiene varias características que lo hacen muy peculiar. La primera y principal es el hecho de que esta deuda proviene del consumo realizado por los clientes/usuarios ‘a tarifa’. Quiere decirse que esta deuda se forma por un consumo corriente. Imagínese que usted se endeuda no para comprar el coche, sino para pagar la gasolina. Evidentemente, es algo poco sensato, y gestionar los precios de la energía así, durante mucho tiempo, era fácil y liberador por el hecho de mirar hacia otro lado. Hoy es vivir montados en el tigre.

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